El lujo de la paciencia: Por qué A24 es lo único que mantiene vivo al cine

En 2025, el horror de A24 generó más ruido cultural que cualquier franquicia de superhéroes. En 2026, el estudio tiene 18 películas en camino con directores de primer nivel y sin secuelas obligadas. A24 no es una empresa de cine. Es el último lugar donde el cine todavía le importa al cine.

Cómo se salva una industria que no quiere ser salvada

Hollywood atraviesa en 2026 una crisis que lleva años gestándose y que la pandemia no causó sino que aceleró. Las salas de cine han recuperado parte de su público pero no del todo. Las plataformas de streaming han fragmentado la atención. Los estudios grandes han apostado por franquicias, remakes y universos cinematográficos como estrategia de supervivencia. El resultado es una industria que produce con eficiencia creciente contenido que nadie recuerda seis meses después de verlo.

En ese contexto, A24 funciona como una anomalía productiva. El estudio fundado en 2012 en Nueva York ha construido en trece años algo que los grandes estudios han intentado comprar y no han podido: legitimidad cultural. Cuando aparece el logo de A24 antes de una película, una parte del público ya tiene una expectativa formada. No sabe exactamente qué va a ver, pero sabe que no va a ser formula. Esa expectativa, en una industria donde la fórmula es la única certeza financiera, vale más de lo que cualquier presupuesto de marketing puede comprar.

El modelo es aparentemente sencillo y prácticamente irrepetible. Presupuestos bajos, directores con visión autoral clara, libertad creativa real y apuesta por el boca a boca como mecanismo primario de distribución. The Witch de Robert Eggers, en 2016, abrió con 8,8 millones de dólares y terminó con 25 millones en Estados Unidos solamente. Hereditary, en 2018, costó menos de 10 millones y recaudó 80 millones globalmente. Midsommar, costó 9 millones, recaudó 29 millones. La aritmética no es la de Marvel, pero los márgenes son envidiables y los activos culturales que genera son permanentes.

El horror como laboratorio de autores

El género en el que A24 ha construido su reputación más sólida es el terror. No el terror de las franquicias de casas embrujadas con saltos de susto y precuelas infinitas. El terror como género donde los directores primerizos pueden explorar obsesiones formales, temas incómodos y estructuras narrativas no convencionales con presupuestos que no justifican la intervención creativa del estudio. Ese espacio de libertad ha producido una generación de directores que ahora cotizan al nivel de cualquier nombre del sistema: Ari Aster, Robert Eggers, Ti West, los hermanos Philippou.

En 2025, la apuesta siguió siendo la misma. Sinners, de Ryan Coogler, recaudó 367 millones de dólares globalmente. No es una producción de A24, pero confirma la dirección del mercado: el público de terror está dispuesto a pagar por cine que lo tome en serio. A24 había lanzado ese mismo año varios títulos de horror que generaron conversación cultural desproporcionada respecto a sus presupuestos. Y para 2026, el estudio tiene en preparación al menos cuatro proyectos de terror con directores que ya han demostrado su capacidad: Jeremy Saulnier con October, Arkasha Stevenson con un proyecto sin título de horror, y la adaptación de los Backrooms con Kane Parsons, quien se convirtió en el director más joven de la historia de A24 a los 19 años.

"Blumhouse y A24 encontraron el modelo de negocio: presupuestos bajos, riesgos creativos reales y el boca a boca haciendo el resto. Ese enfoque convirtió películas como Midsommar y The Witch en fenómenos culturales y en máquinas de generación de dinero."

- Boardroom, análisis del mercado del horror en 2025

Lo que hace que el modelo sea sostenible no es sólo la aritmética de los presupuestos bajos. Es la acumulacion de capital cultural que se convierte en capital financiero con el tiempo. Hereditary ya no es solo una película rentable. Es una referencia que aparece en conversaciones sobre cine de horror de la última década, en listas de las mejores películas del género, en los criterios con que los críticos y el público evalúan las nuevas propuestas. Ese capital se extiende al estudio que la produjo.

2025: Marty Supreme y el momento en que A24 crece sin perder el rumbo

En diciembre de 2025, A24 estrenó Marty Supreme, protagonizada por Timothee Chalamet. La película se convirtió en el título más taquillero de la historia del estudio con más de 150 millones de dólares en taquilla global y recibió nueve nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película. El hecho de que el título más exitoso de A24 sea un biopic de un jugador de ping-pong, dirigido por Josh Safdie y protagonizado por el actor de su generación, dice algo sobre la lógica de selección del estudio: buscaron a Chalamet para una historia que nadie más habría producido con ese presupuesto y ese reparto.

Marty Supreme de A24 recaudó 156 millones de dólares aproximadamente y recibió 9 nominaciones al Oscar en 2026. Es el título más taquillero en la historia del estudio. Fue un biopic de un jugador de ping-pong. Ningún otro estudio lo habría financiado.

El catálogo de 2026 confirma que el éxito de Marty Supreme no ha alterado la filosofía del estudio. Las 18 películas programadas para este año incluyen el debut como director de largo de Jesse Eisenberg, una adaptación del videojuego Horizon con Alex Garland, un documental de Sofia Coppola sobre Marc Jacobs, un mockumentary protagonizado por Charli XCX, un thriller con Robert Pattinson y una película de Ruben Ostlund con Keanu Reeves y Kirsten Dunst sobre lo que pasa cuando el sistema de entretenimiento de un avión deja de funcionar. No existe ninguna secuela.

Esa ausencia de secuelas es más significativa de lo que parece. En 2026, los grandes estudios construyen sus calendarios en torno a franquicias, universos cinematográficos y continuaciones. El riesgo de una historia original con final cerrado es, en la lógica industrial dominante, injustificable cuando tienes personajes que pueden seguir generando ingresos en sequels, spin-offs y merchandise. A24 opera en la lógica contraria: cada película es un evento discreto que o bien genera su propio capital cultural o bien no lo genera, pero en ningún caso se convierte en una máquina de secuelas obligadas.

Lo que A24 le ha enseñado al sistema que el sistema no quiere aprender

El éxito de A24 ha generado un fenómeno predecible: todos los grandes estudios quieren replicarlo. Universal creó su propia división de cine independiente. Sony Pictures Classics existe hace décadas con una lógica similar. Neón, que distribuyó Parasite y Anora, ha construido un modelo comparable. Pero la replicación del modelo A24 enfrenta un problema estructural: el modelo depende de decisiones de selección que son difíciles de institucionalizar.

A24 dice que no a la mayoría de los proyectos que le llegan. Esa capacidad de rechazo, que parece un lujo comercial, es en realidad el mecanismo que protege la coherencia de su catálogo. Un estudio que necesita llenar un calendario anual de veinte títulos para satisfacer a sus accionistas no puede permitirse decir que no con la misma frecuencia. La escasez curada es un posicionamiento de marca que requiere disciplina financiera real, no solo buenas intenciones editoriales.

El resultado acumulado de trece años de este modelo es un catálogo que ninguna cantidad de dinero puede comprar de forma retroactiva. The Witch, Hereditary, Moonlight, Lady Bird, Midsommar, Uncut Gems, The Lighthouse, Minari, Everything Everywhere All at Once, The Whale, Past Lives, All of Us Strangers. Son películas que han definido conversaciones sobre cine, que han lanzado directores y actores, que han ganado premios y que siguen siendo referencia. Ese catálogo es el activo principal de A24.

La paciencia como estrategia de negocio

Lo que distingue a A24 del sistema no es solo la selección de proyectos. Es la disposición a esperar. A esperar que la película correcta llegue al director correcto en el momento correcto. A esperar que el boca a boca haga su trabajo antes de invertir en publicidad masiva. A esperar que un director como Robert Eggers, cuyo segundo largo El Faro fue una pelicula en blanco y negro en formato 4:3 sobre dos fareros en una isla, madure hasta convertirse en el director de Nosferatu (2024) con presupuesto de estudio y distribucion global.

Esa paciencia tiene un coste real. No todas las apuestas de A24 funcionan. Beau Is Afraid, el proyecto más ambicioso de Ari Aster, fue un fracaso comercial a pesar del respaldo crítico. La estrategia de lanzamiento lento de algunos títulos implica aceptar que determinadas películas no van a funcionar en la primera semana y confiar en que el mercado las descubra con el tiempo. Esa tolerancia al fracaso a corto plazo es casi imposible de sostener en un estudio cotizado en bolsa con obligación de reportar resultados trimestrales.

En 2026, A24 sigue siendo una empresa privada. No hay presión trimestral para justificar cada decisión editorial ante accionistas. Esa estructura de propiedad es probablemente tan importante para su identidad como cualquier decisión de casting o de selección de proyectos. El lujo de la paciencia no es solo una virtud estética. Es una consecuencia directa de quien está en el capital.

Foto de Natalie Parham en Unsplash

Lo que viene y por qué importa

El catálogo de A24 para 2026 tiene características que ninguna otra empresa del sistema podría presentar simultáneamente: un horror de primer director sin nombres conocidos en el reparto, una adaptación de videojuego dirigida por Alex Garland sin la obligación de construir un universo expandido, un mockumentary de una estrella del pop que es también una declaración sobre la naturaleza de la fama, y una película de Ruben Ostlund cuya premisa completa es la incomodidad de no tener entretenimiento disponible en un vuelo.

Cada uno de esos proyectos representa una apuesta que el sistema habría rechazado o mutilado hasta convertirla en algo irreconocible. Juntos representan algo que en 2026 es extraordinariamente raro en el cine comercial: una propuesta editorial coherente que no está determinada por lo que ya ha funcionado antes.

No es que A24 sea perfecta. No lo es. Algunos de sus títulos son más pose que sustancia. El riesgo de que el éxito de Marty Supreme atraiga presiones hacia proyectos más comerciales es real. La tentación de escalar el modelo cuando los números empiezan a justificarlo es la misma que ha destruido la identidad de otros sellos independientes que crecieron demasiado rápido. Pero mientras siga siendo capaz de poner un logo en películas como las que ha puesto en los últimos trece años, A24 seguirá siendo lo más parecido que tiene el cine comercial a un argumento a favor de sí mismo


El cine no va a morir. Pero sin estudios dispuestos a apostar por directores antes de que sean seguros, por historias antes de que sean probadas y por el público antes de que haya demostrado que existe, se va a parecer cada vez más a lo que ya no recordamos haber visto.